“No chupo pollas”

Así empezaba un artículo que alguien compartió en Facebook hace unos días. La autora es Alison Stevenson y lo publica en VICE. El titular me llamó la atención (a mí me encanta comer penes), por lo que lo empecé a leer para saber qué le lleva a ella a no querer metérselos en la boca. Recojo en este post algunos fragmentos de esa publicación y los comento.

Soy consciente de que mi declaración provocará la indignación de muchos hombres e incluso mujeres que consideran las mamadas un elemento obligado en el repertorio sexual de cualquiera que se precie.

Que una chica decida no chupar pollas no me produce indignación. Tampoco creo que la felación sea obligatoria en cualquier encuentro sexual. En absoluto. De hecho, ninguna práctica debería ser imperativa. Ni siquiera el coito –¡qué bonito es compartir con tu pareja (afectiva o sexual) una masturbación!–. Al final, todo se basa en hacer lo que te haga sentir cómodo y lo que te satisfaga. Y, si las mamadas no te dan ni una cosa ni otra, pues nada. Sigamos.

Ahora mismo hay un hombre en mi vida con quien no estoy saliendo del todo, pero que viene a comérmelo a casa una vez a la semana. Lo único que le doy a cambio es una palmadita en la espalda por el buen trabajo. Algunos pensarán que es un trato un poco raro, aunque yo lo veo poco menos que perfecto.

Breve duda: si fuera al revés, un chico que solo quiere que una chica venga y se la chupe a cambio de nada, ¿nos parecería mal? Me diréis que pasa más a menudo. Seguramente, pero eso no hace que la cosa sea mejor si lo hace una mujer. A todo esto, mientras las dos partes están de acuerdo, gas.

Si os estáis preguntando por qué no hay sexo, la respuesta es que me hice una promesa a mí misma de no tener relaciones sexuales hasta que tuviera una relación estable.

Otra pregunta: ¿el sexo oral no cuenta como sexo?

También me he propuesto no entablar una relación sentimental con ningún hombre que se niegue a comérmelo.

Uhm. ¿Ni aunque en el resto de aspectos emocionales y sexuales te complemente bien? Adoro que me chupen el clítoris (no me suelo correr por penetración); pero, si alguna vez encuentro a un chico al que no le gusta (no me he visto nunca en esa situación), no sé si ese sería suficiente motivo como para deshacerme de él. Creo que podríamos encontrar otras maneras de hacerme disfrutar (que me masturbe, por ejemplo).

No obstante, lo que me sorprende más es que, si Alison parte de que una felación no debería ser obligatoria, tampoco tendría que serlo un cunnilingus. Si no, está aplicando en versión femenina lo que critica.

¿Que soy una egoísta? Quizá, pero no me importa. De hecho, estoy convencida de que me merezco serlo. Ese egoísmo es el fruto de muchos años teniendo encuentros sexuales con hombres que raramente quieren comérmelo.

Llamadme afortunada, pero, como decía, nunca me he encontrado a un chico que no me lama las partes. Nunca. Ni nunca ninguno se ha puesto reticente. Ni nunca me lo han hecho por obligación. Aquí necesito vuestra ayuda. Decidme, chicas, ¿os habéis encontrado muchos casos? ¿La mayoría? Si son claramente pocos, el resto de hombres no merece que nos volvamos egoístas por unos pocos que, como Alison con las pollas, están en su derecho de que no les guste meter su boca entre nuestras piernas. De hecho, el sexo nunca debería ser egoísta. Por ninguna de las partes.

El verdadero origen del problema parece ser que todavía hay muchos heteros que creen que las mujeres llegan al orgasmo con la penetración.

Cierto. Pero las veces que me he encontrado en esa situación lo he solucionado con un: “Hola, me llamo Leo y soy clitoriana”. Si no estamos satisfechas con lo que nos hacen, tenemos que decirlo. Porque, si no, ¿de quién es la culpa? ¿Del chico que, como nunca han sido claras con él, no sabe dónde y cómo tocar o chupar? Alison nos da una pista en el siguiente fragmento…

Sí, también es culpa mía haber pasado tantos años sin recibir sexo oral. En aquel entonces yo era distinta, nunca decía lo que quería por miedo a resultar menos atractiva.

Que no os dé miedo. Yo, por lo menos, siempre me he encontrado con chicos dispuestos a mejorar y a darme lo que quiero. También yo he mostrado la misma disposición y, con esto, siempre he tenido un sexo muy satisfactorio.

En resumen: comunicación. Pide lo que necesites, lo que te guste, lo que te excite. Escucha también lo que quiera la otra persona. Marcad vuestros límites. Y, si vuestra oferta y demanda no coincide y no hay manera de encontrar un punto medio que sea agradable para los dos…, es que sexualmente no sois compatibles. Y a por otra cosa.

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